12 jun. 2016

Sexo en la quinta noche



Se ha perdido el romanticismo y nos extraña no follar en la séptima cita

Estaba preocupado, no era habitual que estuviera con un tío en el sofá y solo me quisiera abrazar por encima del hombro y darme besos. Esta era nuestra tercera cita, y seguramente la primera noche que dormiríamos juntos tras la típica excusa de domingo de "vamos a ver una peli", excusa que ni mis amigas heterosexuales de 25 a 35 años se creen y eso que ellas creen en el amor y los flechazos.
Pero sí, vimos la peli, bueno de hecho vimos dos pelis consecutivas y nos fuimos a dormir. Muy bonito todo, el tumbado boca arriba, yo de lado y apoyado en su pecho todavía pendiente de ser un pectoral en condiciones pero cómodo para dormir sobre él las 6 hrs restantes antes de que sonara mi despertador. 
Descolocado llegué a la oficina y tenía un mensaje de mi mejor amiga que decía "¿Triunfaste?". Si lo veo desde el lado sexual, triunfé menos que la dieta el día de roscón de reyes, pero si lo veía desde el lado tierno, ese que a veces me sale, había triunfado más que una Coca-Cola fresquita en 15 de agosto. 

¿Medimos ya el conocer a alguien a nivel de cuando nos acostamos?

Después de esa noche durmiendo vinieron otras 4 igual de "bonitas" y de castas. Estaba a gusto, pero llegó el punto donde me preocupaba que se dieran tres posibles casos: 1) Impotencia sexual, 2) Le ponía menos que un trozo de brocoli en un McDonalds o 3) Eramos incompatibles en la cama.

El quinto día vi la luz, nos acostamos, hubo sexo, hubo sexo matutino e incluso de despedida pero no estaba satisfecho. Me gustaron más las 4 noches castas anteriores, debe ser la falta de costumbre.
¿Cuánto vale un polvo? ¿Estamos demasiado acostumbrados a follar? Es tan fácil echar un polvo siendo gay, es tan sencillo abrir una aplicación y tener un tío en la puerta, es incluso más fácil que pedir en La Nevera Roja (y más rápido amigos). 

Me planteo que la libertad nos ha llevado al libertinaje y este nos ha alejado de las pequeñas cosas, de lo cotidiano, de ese "morbo" de conseguirlo todo poco a poco que tuvieron nuestros padres al darse el primer beso a escondidas, a tener su primer polvo en el asiento de atrás del seiscientos o lo serio que era ya ir de la mano por la calle, cuando eso respondía a un más que compromiso.

Necesitamos más coitos en la quinta noche y menos corridas en la primera cita porque al final lo sencillo aburre tanto que valoras más cinco noches en el sofá conociéndote que el placentero orgasmo que suena en la estrofa final.

Un abrazo de vuelta a los clásicos,
Dave





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