20 feb. 2017

Dame la mano maricón, no te sueltes



Esa incómoda mirada que nos hace soltarnos

Bajo la mesa, a escondidas en el restaurante o en un callejón antes de salir a la calle principal, no hablo de momentos en los que follar en lugares públicos sino en los que simplemente darnos la mano se ha convertido en una odisea, una lucha contra las miradas. 

Mientras que la normalidad sexual arrasa en las portadas de los medios, actos tan simples como darnos la mano se sigue convirtiendo en una caza de brujas en una sociedad tan moderna como los zumos verdes pero tan retrógradas como una Presidenta de Gobierno mujer y  que además se llame Marica Pérez. 

Normalizamos en papel pero no en actos, aún vemos raro a dos personas del mismo sexo darse afecto como una caricia o una mano estrechando la otra. Se sigue persiguiendo al maricón comepollas o al que le guste que le peten el culo pero en cambio todos somos muy modernos y conocemos algún gay.

¿Sabes que? Llámame maricón pero no me mires con asco ni con desprecio cuando abrace a quien amo, bese a quien deseo o de la mano con fuerza a la persona más importante de mi vida porque flaquea.

Yo, el maricón, exijo ir de la mano sin ascos, ni miradas acechantes que murmuran tras mi paso contigo de la mano. Dame la mano maricón, no me sueltes.

2 comentarios:

  1. Me ha encantado tu post de hoy, tan, tan tan triste pero tan verdad....

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